EL DRAMA EUROPEO: VÍCTIMAS DEL SISTEMA

El estrés está enquistado en Europa

La vida en Europa no es fácil. Todos corren de aquí para allá trabajando o buscando un trabajo que supuestamente les va a permitir gozar de una pensión al final de sus días y un sistema sanitario gratuito. Los puestos de trabajo no abundan, por lo que, en general, las personas tienden a aferrarse a ellos y las empresas a aprovecharse con condiciones difíciles de aguantar.

La presión es muy grande. Levántate, ve al trabajo, trabaja como loco (porque todo hay que hacerlo con mucha prisa y para ayer), sal del trabajo, ve a buscar a los niños que llevan 10 horas con extraños que cuidan (o no) de ellos, limpia, cena, prepara comida, educa, acuesta a los niños, duerme poco, paga facturas y, sobre todo, cotiza para que el día de mañana puedas disfrutar de todo lo que sudaste.

Existe también la versión sin niños. Personas que, sin darse cuenta, entregan tanto su vida al trabajo que apenas tienen tiempo extra para realizar actividades propias de los humanos como quedar con amigos, salir a pasear al perro o, lo que es peor, planificar formar una familia.

Hay mujeres tan responsables laboralmente hablando que ni siquiera se plantean tener hijos porque están demasiado consagradas a sus vidas profesionales. Obviamente no es obligatorio formar una familia pero lo que sí es una pena es que el trabajo nos absorba tanto que decidamos ponernos en segundo lugar.

Muchas quieren formar una familia pero, tal como tienen organizada la vida, no saben en qué momento van a tener tiempo para ocuparse de ser madres. Conclusión: pasan los años sin tener hijos y luego sufren las consecuencias (infertilidad, arrepentimiento).

El frágil equilibrio de la clase media

El equilibrio de las familias de clase media es muy débil. Hechos como quedarse sin trabajo, enfermarse más de la cuenta, el rechazo de tu niñera a seguir quedándose con los niños y otros hacen tambalear la rigidez de muchas vidas en las que este sistema está incorporado. Deudas, pobreza y desnutrición son casos reales de gente que nunca hubiéramos imaginado porque no tienen perfil de pobres… pero lo son.

La mayor parte de europeos está adiestrado para decir sí a casi todo laboralmente hablando –aunque el sueldo no suba proporcionalmente a las exigencias–, a pagar los impuestos que mantienen el sistema y a CREER en él. La práctica mayoría no ha disfrutado jamás de una clase en materia de creación de empresas en el colegio.

Alicia en el País de las Maravillas

En el imaginario de casi todos los pequeños está el hecho de trabajar para un tercero y tener una vida tranquila. Prácticamente nadie se imaginaba que iban a tardar seis meses en hacerte unos simples rayos X o que aquella señora que se pasó la vida entera trabajando terminó con una pensión de 400€ que no le da ni para comer.

Es muy bonito pensar que vamos a ser atendidos por el médico cuando lo necesitemos de verdad y que cobraremos una buena pensión. También que ni el ébola ni el zika llegarán hasta estos lares porque, sencillamente, tenemos tanta infraestructura que es altamente improbable pero…mayores torres han caído.

Dejar de mirarse el ombligo

Si sacamos el ojo de nuestro ombligo nos daremos cuenta que hay países en que la gente convive con enfermedades mortales, sin seguro médico (ni público ni privado) y siguen adelante con una sonrisa. Si la pálida dama les susurra o no en el oído ya es una cuestión de suerte.

En otros lugares hay personas que siguen trabajando más allá de los 65 y se han pasado la vida ahorrando para tener una vejez digna. Muchos lo consiguen porque el mundo es mucho más amplio de lo que es el estado de bienestar europeo y las fórmulas de éxito son infinitas, especialmente hoy en día. Las tecnologías están de nuestro lado.

Existen sistemas en otros países en donde la incertidumbre de “qué  va a pasar conmigo” es mayor que la que, supuestamente, hay en Europa pero, al pensarlo mejor… ¿actualmente alguien de 25 años puede asegurar que recibirá una jubilación? Hay un problema que salta a la vista y es el envejecimiento de la población.

En definitiva, si el sistema colapsa por ser insostenible ¿qué planes tienes?

¿Realmente crees en el sistema tan ciegamente como para no lanzarte a hacer lo que te gusta porque lo tienes que empezar a hacer “en negro”?

2 MOTIVOS PARA CONVERTIRTE EN FREELANCE:

  1. Ser freelance te permite ocuparte de ti y/o de tu familia y trabajar a las horas que más te convienen.
  2. Los freelance son personas no alienadas ni prisioneras de un sistema que solo funciona para algunos.

SALIR DE LA VORÁGINE CONSUMISTA

Si después de leer este artículo te das cuenta que la solución a tus problemas pasa por ser freelance, a continuación verás también que vas a pasar por un primer período de escasez económica. A nadie le caen los clientes del cielo y, para crear una sólida cartera de clientes solo hay una forma de hacerlo: trabajando.

Quizás sea un buen momento para analizar frases como “no, es que yo me deslomo trabajando a diario porque luego viajo, me compro y hago lo que me da la gana”. La fórmula puede ser inversa “yo trabajo menos para disfrutar de mi tiempo más y así consumo menos, porque me auto-proveo”.

Evidentemente eso ya depende de ti. Solo reflexiona ¿cuánta de la ropa y zapatos que hay en tu armario te pones? ¿Cuáles son las salidas que más disfrutas? ¿Tienes que renovar tu armario en cada temporada? ¿Tu cartera tiene que ser necesariamente de marca? ¿tu hijo tiene que celebrar su cumpleaños a lo grande? ¿Tiene que llevar ropa de marca? La respuesta dependerá de lo que priorices en la vida y de tus INSEGURIDADES.

Algunos priorizan quemarse las pestañas trabajando para poder comprarse lo que quieren y “hacer lo que quieren” pero, a cambio de su entrega vital otros se enriquecen y tu vida se vuelve muy rígida. Otras personas prefieren pasar con lo básico y lo importante –el tiempo– y dedicarlo libremente a trabajar, estudiar, educar, salir o viajar.

El drama europeo: víctimas del sistema.

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