El futuro de la educación: ¿Por qué los alumnos ya no escuchan en clase?

La queja habitual que solemos oír en relación a la educación es que los niños y jóvenes de hoy son cada vez más rebeldes. Si viéramos lo que ocurre en algunas aulas mientras nadie mira nos asustaríamos: agresiones a los profes, gritos, carreras, whatsappeos en el aula, etc.

El origen de todo eso –además de la educación y las hormonas– es la falta de autoridad de los profesores. Esta no solo depende de que la sociedad entera les dé el crédito merecido sino que, además, obedece a un cambio en nuestra sociedad. No hay que olvidar que vivimos en la era de la información.

En otras palabras, cuando el profe le dice al alumno “hoy vamos a estudiar el órgano genital masculino” lo más probable es que las alumnas se miren entre ellas, esbocen una sonrisita y se acuerden de todas las búsquedas en YouTube (didácticas y no tanto…) que han hecho a lo largo de su vida.

En definitiva, el profesor no tiene nada nuevo que ofrecerles y, lo que es peor, hay cientos de expertos on-line dispuestos a responder preguntas, miles de vídeos relacionados con el tema, bloggers que abordan el tema y un largo etcétera. Frente a ese alud de información el profe se queda hecho un pitufo, alguien sin autoridad para hablar de los distintos.

Entonces, ¿para qué escuchar en clase si lo que me cuentan ya lo sé? Es mucho más divertido hacer enfadar al profesor de turno, molestar al vecino o tirar granos de arroz con la carcasa del bolígrafo!

Si bien es cierto que los niños y adolescentes de hoy  saben mucho de genitales, sexo y demás curiosidades, también lo es que deberían dominar más temas como la historia de su país, ortografía y demás “latas”. Lo que los profes y los ministerios de educación no saben es que lo que falla es la forma en que se les aborda. El patrón de clases magistrales ya no funciona.

Un cambio de mentalidad

Para empezar a entrar en la mente de los niños y jóvenes hay que aprender a pensar como ellos y eso se traduce en estar ahí cuando quieren saber algo. Por ejemplo, dejar de seguir el esquema de las 10 lecciones que constan en el libro y dialogar con ellos, ver qué quieren saber,  darles un tiempo para que busquen on-line y después compartir en grupo lo que encontraron.

Utilizar el m-learning –la enseñanza mediante dispositivos inalámbricos como tablets y teléfonos para que cada niño sepa encontrar información válida sería muy positivo. Hay que aprender a diferenciar información de calidad de la que no lo es. Nadie nos enseña a distinguir entre un medio que ofrece información verídica y otro que esconde tras sus contenidos una formación fundamentalista que lo que quiere es reclutar jóvenes para sus fines.

Utilizar internet para obtener los conocimientos que antaño daban los docentes, la realidad aumentada o la realidad virtual puede ser una forma apasionante de entender el mundo o imaginarse como era en otras épocas.

Ya no deberíamos hablar de docentes sino de “orientadores del aprendizaje”, personas que puedan responder a las necesidades cognitivas y psicológicas de los niños, alguien que les enseñe a pensar y a aplicar el sentido común.

Un gran ejemplo del futuro de la educación es Khan Academy, www.es.khanacademy.org . Un visionario llamado Salman Khan quiso (y está consiguiendo) educación de calidad, libre y gratuita para todo el mundo. Una vez te registras a su página aprender es un sencillo juego, como el Final Fantasy.

El sistema está basado en las normas de algunos juego propios de videoconsola, lo cual invita a querer seguir jugando, pasar pantallas y saber más. El que quiere aprender “Suma 2” primero deberá pasar por “Suma 1”. Así el jugador progresa, consigue distintos niveles y mientras se divierte, aprende. ¿Realmente no es ese el futuro?

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