Descubre al talentoso emprendedor paraguayo que cambió el paradigma y brilló

Es emprendedor de alma, tomó el camino incierto y se dedicó a la cocina en una época en que ésta estaba discriminada hacia el sector femenino. Triunfó a pesar de las limitaciones sociales.

Si todavía no sabes quién es ¡toma nota! Su nombre es Jorge Iriberri y con La Cuina, su negocio, ha dado de comer a media humanidad.

¿Cómo empezaste con La Cuina?

No estaba en mis planes dedicarme a la cocina porque acá no era muy viable. La gente que podía estudiaba otra cosa. Era muy difícil que una persona de familia conocida se dedicara a un oficio como este porque era considerado como trabajo de último recurso, para cuando te encontrabas sin dinero y obligado a trabajar.

Además los hombres no se metían en la cocina porque en la educación no se enseñaba nada de eso. Cocinaba tu abuela o tu mamá.

En mi casa, sin embargo, como mi papá era extranjero cocinaba. Mi madre y mi tía también y con esas influencias fue donde le agarré el gusto a la cocina.

Jorge Iriberri (abajo de todo) con sus compañeros de colegio

¿Cómo estaba el panorama gastronómico en Asunción cuando empezaste?

Hace 15 años había dos o tres restaurantes y seis bares en todo Asunción. Los tres servicios de catering eran dominio de las mujeres. Casi no había varones en el sector, hasta las clientas eran mujeres.

Los servicios que ofrecían eran reducidos: buffet de pastas, carne y paella, nada más. La paella era lo más valorado e innovador.

Ahora ya tenemos de todo. Los paraguayos empezaron a dar valor a la cocina de otros países y, hoy por hoy, se solicitan caterings de comida china, india, mexicana, sushi, etc. Se ha innovado y evolucionado mucho en este aspecto.

¿Qué estudiaste antes de dedicarte a la cocina?

Yo soy máster en economía egresado de la Universidad Católica (UCA) pero viajaba mucho y mi gusto por la cocina y gastronomía se potenció al conocer otras fórmulas y darme cuenta que vivir de la cocina era algo viable.

En Paraguay, sin embargo, era más difícil. Aquí tu hijo tenía que ser médico, economista, ingeniero, arquitecto, contador, abogado, pero NO COCINERO.

Sin desmerecer el trabajo de nadie el cocinero era para un segmento socioeconómico de supervivencia. Era ser considerado parte de la servidumbre, no como ahora que es una carrera y  algo muy valorado.

¿Cómo saltaste de tu trabajo como economista a la cocina?

Tiene mucho que ver con mi lado sociable. Como tenía muchos amigos y mi casa quedaba cerca del colegio, venían todos a casa.

Mis padres eran muy receptivos en ese sentido así que siempre que venía alguien no había problema y yo preparaba algún sándwich raro, alguna pizza. Así empezó todo.

Mientras trabajaba como economista en proyectos del PNUD y del Banco Mundial,  empecé a estudiar cocina como hobby, medio a escondidas. Los fines de semana comprábamos los ingredientes entre todos los amigos y probábamos las recetas.

Tenía la intención de estudiar cocina afuera pero era muy difícil acceder a una beca de cocina. No había. ¿Quién te va a pagar para cocinar? ¡Nadie! Entonces evalué la posibilidad de estudiar otra cosa y, a la par que cumplía con la beca, estudiar cocina.

Tu país me dio la beca, una de las de la Fundación Carolina (risas).

¿Cuáles fueron los estudios que te fuiste a realizar a España?

Se llamaban “Regulación y economía al servicio público de red con énfasis en agua potable”. Cumplí con mi beca y salí de los 10 primeros de mi promoción  y mientras, como quería darme el gusto de trabajar y estudiar en una cocina en Europa, me inscribí en una escuela.

¿Y qué pasó al volver a Asunción?

En ese entonces todavía no evaluaba el emprender con un servicio de catering en Asunción. Yo al volver iba a seguir trabajando como economista pero cuando lo hicé, como es un clásico acá, alguien se había quedado con mi puesto.

Empecé a trabajar con mi padre pero luego se enfermó y me quedé sin nada hasta que vino un amigo, Martín Nasta, y me hizo una oferta que no rechacé. Fue mi primer trabajo como emprendedor en el mundo del catering.

Así me fui haciendo de equipo. Primero hacía un evento, luego dos y tres y así fui creciendo.

¿Cómo se tomó la gente que te conocía el hecho de que dedicaras a la cocina?

Cuando empecé con los eventos la gente me preguntaba por qué estaba haciendo eso. Me ofrecían ayuda y que me iba a ver algo en las empresas de sus familias pero yo no lo necesitaba, porque esto era lo que yo quería hacer.

¿Cuántas personas trabajan a día de hoy en La Cuina?

Hay 10 personas fijas, aunque en temporada alta o en días de muchos eventos llegamos a ser de 25 a 30 personas.

¿Cuántos eventos tienes por día actualmente?

Va variando en base al tamaño pero llegué a tener 14 eventos a la vez.

Jorge Iriberri en la escuela de Barcelona

¿En qué te ayudó el haber estudiado los cursos de cocina que realizaste en Barcelona?

Me ayudó a conocer las tendencias culinarias de lo que inevitablemente iba a llegar  a Paraguay años más tarde. De hecho, cuando yo llegué quería implementar lo que había aprendido allá, pero no me dejaban. La gente consideraba todo eso como algo muy raro: la mezcla de frutas en las ensaladas, la finger food, la comida fusión o de otros países…

Cuando llegó la moda yo ya estaba listo y conocía muy bien esa comida, así que la implementé sin dramas.

¿Qué es lo que más te ayudó en esto del catering?

La gran catapulta fue la cantidad de gente que conocía. Un amigo me daba un trabajo, les daba buenas referencias a otros y así sucesivamente me iban contratando.

La oportunidad me vino también por el lado de nuestra forma de vivir. Aquí todo el mundo se conoce y eso a mí me sirvió muchísimo.

¿Qué te hace sentir mejor dedicándote a la cocina?

Es un trabajo agotador pero es muy gratificante cuando la gente te ve y se acuerda de lo que comió y te lo agradece. Eso es lo más reconfortante.

Además, la gastronomía tiene un lado muy social, ya que cuando cocinas estás entregando una parte de ti mismo a los demás.

¿Cuál es el factor decisivo para que un negocio funcione?

Hay que estar. No puedes alejarte mucho.

Si tuvieras que animar a un joven a que estudie cocina, ¿qué le dirías?

Que es un mundo hermoso en constante expansión y que nunca se va a aburrir. Eso sí, es un trabajo duro. La cocina de eventos y restaurante no es como la cocina en tu casa que te diviertes con amigos. Hace calor, hay que levantar objetos muy pesados, son muchas horas de estar parado, pero si le gusta hay un universo que explorar.

Yo le recomendaría que pruebe antes de tomar una decisión .

El emprendedor Jorge Iriberri en el Diván

Jorge Iriberri con Carla Barbieri, su esposa, y Fernandito
Fernandito

Un sueño por cumplir: El que nunca me animé a hacer es el de viajar por el mundo cocinando. Ahora ya es más difícil porque tengo una familia pero ya se verá.

Tu peor debilidad: Soy disperso y desordenado pero, a la vez, esa es también mi mayor fortaleza, porque viene de querer siempre probar cosas nuevas e innovar.

Una frase que te haya acompañado a lo largo de tu carrera: Me la dijo mi padre y es que persigas tus sueños o si no vas a terminar trabajando para ser parte de los sueños de otro. Tenemos una sola vida y hay que tratar de hacer lo que a uno le gusta, al menos, intentar.

 

Soy Rosa Grimaldi y me dedico a redactar contenido como el que acabas de leer para empresas. El contenido es clave en la estrategia de marketing de cualquier organización que quiera sobresalir  hoy. Contáctame o conoce los servicios de redacción que ofrezco a través de La Fábrica de las Palabras.

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4 Comentarios

  1. Javier Ortiz says: Responder

    Una Excelente persona!! Solidadario, servicial, a mi me ayudó también! Muy buena nota!! Jorge..que sigan los éxitos!!

    1. Rosa Grimaldi says: Responder

      Hola Javier! Gracias por comentar! Te esperamos de vuelta otro día por el blog!

  2. Ivone Guerrero says: Responder

    Jorge es un CAPO, no solo como profesional sobre todo como persona, solidaria, amiga… es un loco lindo!!

    1. Rosa Grimaldi says: Responder

      Yeah!

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