Implicaciones de la Cuarta Revolución Industrial para la sociedad

 

Vivimos en un período de cambios en el que prácticamente hay que estar permanentemente conectados para saber qué está pasando y para seguir al día.

Las empresas son las grandes afectadas, no sólo porque a la fuerza se ven abocadas a estar presentes en los medios digitales sino porque, gracias a internet, han aparecido nuevos modelos de negocio que las desbancan fácilmente (Uber y Air Bnb entre otras) .

A nivel individual no son pocas las implicaciones que está teniendo la irrupción digital. El estrés es una de ellas y otra es que la nueva generación no distingue la vida off-line de la on-line, lo cual tiene repercusiones que pueden llegar a arrastrar de por vida. Lo peor es que muchos padres no saben ni cómo gestionar el problema por desconocimiento.

Nunca antes vivimos una revolución como la actual.

Los gobiernos siguen con unas políticas que fueron útiles antaño pero que hoy demuestran la lentitud de sus estructuras. Frente a ello, movimientos migratorios constantes, modelos laborales emergentes y conexiones con cualquier punto del planeta permiten alcanzar hitos hasta ahora impensables.

Todo apunta a que estamos asistiendo a un cambio de mentalidad global pero, además, un gran reto nos aguarda: conseguir que nuestro país cambie a la par que la sociedad para no quedar obsoletos y al final de la fila.

Las implicaciones de la Cuarta Revolución Industrial son muchas. Estamos hablando de cambios en la educación, alteraciones en cómo hacemos negocios, trueques en lugar de compras, trabajo desde casa y mucho más. De hecho hay tantas como el ser humano pueda imaginar.

Por otro lado la tecnología está inspirando a muchos ingenieros y programadores en cualquier ámbito de la vida. Estos están revolucionándolo todo de modo que se lanzan miles de innovaciones a diario. Por ejemplo, apps que resuelven de forma muy económica algunos de nuestros problemas diarios. Es imposible seguir el ritmo y fácil perder la cuenta.

La old school education no satisface ya a los jóvenes. Ellos nacieron con las pantallas, interactuando con ellas y consultando a los grandes en los buscadores. Ir a clase, sentarse a escuchar lo que UNA sola persona les cuenta se les ha quedado pequeño. La educación de una sociedad es el reflejo de la misma por lo que es importante adecuarse a los tiempos.

Las nuevas tecnologías están humanizándonos. Ya nadie quiere hacer un marketing al estilo push en el que el mensaje constante es ¡compra esto! ¡compra lo otro! sino un estilo en el que se construyen las relaciones con los clientes potenciales. El give to get es lo que ahora triunfa, es decir dar algo al cliente para recibir algo a cambio (que te contrate).

En sintonía con el punto anterior, estamos encontrando formas más justas de ofrecer y solicitar servicios. La democratización a la que internet nos obliga abre tanto el mercado que la competencia puede estar en cualquier lugar. Nunca antes ofrecimos nuestros servicios a precios más justos y con tanta calidad y servicio post-venta.

Además internet puede elevar hoy a un negocio en el pedestal más alto y hundirlo al día siguiente. Los comentarios de los usuarios on-line bastan.

Los modelos laborales están cambiando de forma vertiginosa. Gracias a las redes sociales y al buen uso de internet cualquiera puede dar a conocer sus servicios sin salir de casa y a precios muy competitivos. Es por ello que muchas personas se están lanzando hacia ese modelo de trabajo.

Como las instituciones suelen ser mucho más lentas de lo que son los cambios sociales, se está abriendo una brecha cada vez más grande entre la realidad laboral de los ciudadanos del mundo y los derechos laborales. Las necesidades de hoy son otras.

En 20 años no estaremos trabajando como lo hacemos ahora. Tampoco estaremos estudiando de la misma manera. Estaremos aprendiendo habilidades para encontrar en la red lo que necesitamos, para que no nos abrume la cantidad de información a la que tenemos acceso y podamos ordenar mejor nuestra mente.

En dos décadas un cuarto de la población de un país  que se precie DESARROLLADO debería poder trabajar desde casa y ser capaz de alquilar un apartamento sin que le pongan impedimentos por tratarse de un régimen laboral inestable.

En conclusión: vamos a evolucionar, sea a golpes o paulatinamente pero nada ni nadie  detiene el progreso.

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